martes, 8 de noviembre de 2011

"Dos horas de debate sin debate para mil cuatrocientos sesenta dias de poder"

Que verdad dicen aquellos que no se cansan de proclamar a los cuatro vientos que los españoles tenemos una joven democracia carente a veces de cimientos fuertes y poderosos. Ayer se puso en escena la obra de teatro "El debate" dentro de la programación "La campaña electoral", y la obra respondió a la perfección a las expectativas que al menos yo me había hecho: "puro teatro, escena y farándula".

He de decir que el formato elegido no invita ni al espectador ni a los actores a involucrarse en el drama que escenifican, pues el escenario es completamente antinatural: un escenario enorme, una mesa enorme y una sala para más de mil trescientas personas completamente vacia, silenciosa, muerta. Es muy dificil para un politico que por naturaleza es un "ser populi", que pueda sacar todo su potencial dialéctico e ideológico en un ambiente tan infrecuente para él, es como sacar a un pez del agua y pedirle que nade como él sabe. A los dos actores de ayer se les veía nerviosos, perdidos, dramáticamente encorsetados en el formato quirúrgico en el que se encontraban, ellos más pendientes de los tiempos, de las cámaras, de arrojar por su boca el mensaje previamente acordado por sus equipos de campaña que realmente de debatir ideas, opciones y acciones.

Para mi, cuando cayó el telón, me quedó la impresión de haber visto una mala puesta en escena de dos actores que habían llevado a cabo una interpretación correcta de sus guiones, Rajoy ganó el debate, pues intervino, leyó textualmente el guión que le tocaba leer, criticó lo mal que lo había hecho el gobierno, cosa que a nadie escapa, no dijo en nada de lo que piensa hacer para sacarnos de la crisis, simplemente hizo declaración de grandes principios generales sin concretar acción alguna, no contentó lo que no quiso contestar e hizo valer su ventaja de más de doce puntos en las encuestas para concluir el debate sin debatir. Rubalcaba también ganó el debate, pues también intervino en el mismo y sabiéndo que las encuestas le son tan sumamente adversas, lo único que pretendió fue movilizar a los votantes de izquierda que han decidido no votar y para ello les advirtió del peligro de la pérdida de derechos tan importantes como la sanidad y la educación públicata, así como el subsidio de desempleo, en el caso que su adversario ganara las elecciones, expuso sucintamente varias acciones concretas a llevar a cabo, intentó acorralar a su adversario para que concretara sin poder conseguirlo y eludió, simplemente haciendo caso omiso a las alusiones contrarias, cualquier responsabilidad en el gobierno actual, hecho este que a nadie escapa, no contestó a lo que no quiso contestar e hizo valer su situación de exagerada desventaja en las encuestas para terminar el debate sin debatir.
Cada uno de los actores hizo su trabajo a la perfección, consiguieron sus propósitos y se marcharon entre ovaciones de sus fans. Pero a mi, me quedó el sabor de las decepción en la boca, el ansia de observar la discusión y el debate de ideas, programas, acciones concretas, el ánimo de ver a dos gladiadores en la arena política luchando por lo que creen, por lo que entienden por convicción que es lo mejor para todos, me faltó ver que los actores se creyeran sus papeles en esta dramática obra que es la España de noviembre del 2.011.
Hecho aparte merecen las tertulias posteriores al debate efectuadas por periodistas que hace tiempo perdieron su objetividad y con ello la dignidad de su profesión. Resulta preocupante que directores de periodicos, redactores, columnistas, colaboradores, todos ellos con el carnet de periodistas, lleguen a ser tan partidistas, tan parciales, tan carentes de credibilidad, pues nadie, absolutamente nadie sea de la formación política que sea esta en posesión de la verdad absoluta y del acierto infalible para que aplaudan con palabras la intervención de su lider ideológico, a pesar de haber actuado de forma mediocre a la vez que abuchean sin piedad a través de las palabras al contrincante ideológico, a pesar de no haber actuado tan rematadamente mal, solo de forma mediocre.
Con todo ello, me voy a dormir, pero no lo consigo, estoy desvelado por la sensación de haber presenciado el virtuosismo de la mediocridad en el debate sin debatir de aquellos que necesariamente nos tienen que sacar del agujero económico y social donde nos encontramos, aquellos que tendrán el poder durante cuatro años para decidir sobre lo divino y sobre lo humano y que quieren que les diga, que me voy a levantar a tomarme un vaso de leche mientras decido si me como unas galletas o una magdalena, mientras pienso que tengo que cambiar el mantel de la mesa de la cocina, y que les den......  

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