lunes, 6 de junio de 2011

"Que jodidos son los ascensores"

Perdonarme, pero nunca me gustaron los ascensores, un espacio cerrado y prieto, sin ventanas a la calle, con luz blanca, artificial, carente de sensibilidad y en muchas ocasiones de armonia, un artefacto que sube y baja, cuando a uno lo que le gusta es parar, pisar la tierra, oler el aroma de la lluvia y dejarse de pamplinas. En los ascensores uno se intimida cuando la puerta se cierra y lo primero que piensa es ¿joder que no se pare esto?, y cuando vas acompañado, lo único que se te ocurre es hablar del tiempo mientras miras el techo, que en la mayoría de casos precisa una limpieza urgente. Uno no se siente cómodo en los ascensores y lo que desea es bajar lo antes posible.

Pues mira por donde, últimamente estos aparatos me han sorprendido, he descubierto que no son como yo creía que eran, hoy no solo no me disgustan, sino que cuando puedo los utilizo con asiduidad, pues en ellos he descubierto que a pesar de no tener ventanas, en ellos se puede ver el mar, a pesar de ser angostos, siempre guardan resquicios y rincones con encanto, a pesar de tener luz blanca, mantienen una temperatura agradable, a pesar de dedicarse a subir y bajar, es bueno saltar, soltar amarras y soñar, ¡que jodidos son los ascensores¡ que cuando subes lo primero que piensas es en bajar pero cuando arrancan a uno lo que le entran ganas de verdad es es de disfrutar del viaje.

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