Llevamos no se cuanto tiempo escuchando en los medios de prensa una serie de plantemientos, reflexiones, ideas sesudas e imbecilidades relativas a determinar cual es la solución a la crisis que nos afecta.
En primer lugar, según yo creo, lo primero que tendríamos que concretar es el tipo de crisis a la que nos enfrentamos y evidentemente no se trata única y exclusivamente de una crisis económica cualquiera, de esas que aparecen cada cierto tiempo, de caracter cíclica, no, esta crisis no es de estas, se trata de la "Madre de las Crisis", pues a la económica debemos sumar la crisis financiera, la crisis social y lo preocupante, la crisis política. Por eso, quizás estamos padeciendo la mayor crisis que hemos soportado últimamente, una crisis que afecta al sistema en si mismo, por lo que para afrontarla es necesario cambiar el sistema, no sirven apaños ni medias tintas, sino que es necesario replantear los cimientos del sistema e idear uno nuevo.
La crisis económica y financiera no es fruto de una situación coyuntural, esta crisis nace y tiene sus primogénitos orígenes con la implantación del Euro y su efecto en los precios. El Euro supuso de forma inmediata un aumento en los precios y no en los salarios, aumento que con eso del redondeo fue tolerado indolentemente por una sociedad aleccionada al consumismo, úna de las pocas fuentes que le quedan a la economia española para poder crecer. Toda vez que los precios subían y los salarios no, y era necesario seguir fomentando el consumismo desmesurado, los bancos se sumaron a la fiesta y le dieron financiación hasta el Tato, con ello, la burbuja inmobiliaria seguía hinchándose, los constructores amasaron inmensas fortunas y la economia española estaba en la Champion Leage. Todos podemos recordar como era conducta normal de la época que trabajadores asalariados y pequeños autónomos adquirieran viviendas en construcción para especular, para sacarse unos milloncejos con el pase de la vivienda a otro comprador que realmente quería la vivienda para ocuparla y convertirla no en un elemento especulativo sino en su domicilio familiar y con este tipo de comportamiento el precio de la vivienda se dispara hasta el infinito y más allá. De aquí al grito de todos a hipotecarse y a pagar intereses, por lo que los beneficios de los bancos se multiplicaban, la económia crecía por encima de la medía y hasta el más tonto hizo sus pinitos como especulador y millonario. Todo iba bien, muy bien, hasta que a la Lechera se le rompió el tarro y la leche se esparció por las colas del Inem, los impagadados y las ejecuciones hipotecarias, y ya se sabe, cuando vienen mal dadas, hasta al más pintao se le caen los palos del sombraje.
A estas crisis, le acompaña como telón de fondo una crisis social que arrasa los principios como si fueran de cartón y los cimientos de nuestra civilización, si así se le puede seguir llamando, pues nada padecen una profunda aluminosis. Cuantas veces hemos oido el término competitividad, todo es competitividad y yo me cago en la madre que parió este término, pues todo no es competitivo, todo no es ganar por ganar, sino que deben ganar los mejores y no siempre son los que primero llegan, pues si para llegar es ncesario pisar a los demás, es preferible quedarse en el camino. Nuestra sociedad, siempre tan comunitaria, tan de patio de casa, de sillas en la puerta, tan de compadreo, se ha visto invadida de competitividad, del todo vale, del fin justifica los medios y si tenemos que pisar a los demás, se les pisa y a otra cosa mariposa. Ahora lo guay es ser como la Sole, el Rafa la Belen, los personajillos de la televisión, los de hombres, mujeres y viceversa, los de Gran Hermano, los de Salvame, los de DEC, esos que son famosos, hacen bolos por su cara bonita y ganan en una semana más que cualquier honrado trabajador en un año. Esos son los ejemplos a seguir, esos que no saben hacer la o con un canuto, pero ni falta que les hace para ganar dinero, que a la postre es lo único que hoy vale. La princesa del pueblo le llaman y proclaman a Belen Esteban, y ella misma se lo cree, pero igual da, todo es al merme.
A todo lo anterior debemos añadir la crisis política que padecemos, no existen líderes, ni ideólogos, ni ideologías. No existen principios, ni fines, no tienen soluciones ni programas, y algunos, cada vez más, ni conocen la honradez ni la dignidad. Ante todo ello, estamos huérfanos, perdidos, nadie mueve un dedo, y el sistema social, económico y político ya no da más de si, por lo que se muestra incapaz de solventar los problemas que padecemos. La solución pasa por cambiar, por reinventar el sistema, por concienciarnos todos que juntos y apoyándonos saldremos de la situación que padecemos, es necesario que nuestra sociedad establezca unos principios generales basados en la honradez en la dignidad y en la capacidad de las personas.
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