He de reconocer que soy de las personas que siempre han pensado que "cualquier tiempo pasado ha sido mejor", pero a la vez, creo firmemente en el refrán "agua pasada no mueve molino", por ello, no me gustan los festejos destinados a revivir tiempos pasados que ya no existen, si, festejos de esos que ahora se estilan al calor del Faccebok o de cualquier otra red social, cenas de antiguos alumnos, de compañeros de carrera, de trabajo o vayase Vd. a saber de que.
Este tipo de eventos consisten en reunir hoy a aquellos que una vez fuimos compañeros, amigos o conocidos compartiendo aulas y estudios y que ahora en la mayoría de casos somos extraños o al menos indiferentes, aquellos que antes tenían melena y ahora son calvos, que antes eran delgados y ahora gordos, que antes eran chavales y ahora son cuarentones. Con este tipo de ceremonias o reuniones intentamos rescatar del pasado tiempos, momentos o situaciones que en si mismas no existen y que realmente en la vida de cada uno han aportado bien poco, pues si no han sido capaces de mantener viva la cercanía, la amistad y el compromiso entre las personas que las hemos vivido, prolongando el roce, la amistad y la confianza reciproca, poca importancia tienen hoy y por ello, no se merecen ser rescatadas del baúl de la memoria íntima, esa que de vez en cuando a uno le gusta revisar con infinita melancolia y vuelve a enterrar a los cinco minutos al observar que el tiempo pasa y con él la vida.