viernes, 20 de noviembre de 2009

"La picadura de la Alacrana"

Mira que no quería entrar, mira que no quería reflexionar sobre este asunto, pero cojones no me queda otra y a pesar de mis buenas intenciones paso a exponer sucintamente lo que pienso sobre el tema del Alacrana.
En primer lugar indicar que no me hubiera gustado estar en la piel del Presidente del Gobierno, en este caso el Sr. Zapatero, pues en principio este asunto para afrontarlo sabes que vas a perder, sea cual sea la decisión que adoptes, pierdes. Me explico, si pagas el rescate, malo, ya que en principio y según la legislación vigente cometes un delito. Si no pagas, malo, pues la presión social te aplasta ante tu indolencia. Si decides intervenir militarmente para acabar con el secuestro, malo, pues no hay que ser muy tonto para concluir que rescataras el barco pero habran daños colaterales consistentes en marineros muertos, y entonces la presión social y de los familiares será tremenda.
Ante este panorama, como digo, a ver quien es el guapo que toma una decisión a la ligera. Por ello, considero que de todas las opciones posibles, la adoptada es la mejor, pues con ella se ha antepuesto la vida de los marineros secuestrados a otros intereses.
Es lógico que una vez libre la tripulación, los partidos politicos y la prensa traten el tema, y por que no, formulen sus críticas, plateen diversos escenarios y lo que ellos hubieran hecho en el caso de ser los Presidentes del Gobierno. Palabreria barata y carente de fundamento, pues los que hoy hablan, cuando hubo que tomar las decisiones estaban tomano el aire, durmiendo o contertuliando con algun que otro intelectual desocupado.
Por eso, por qué no me hubiera gustado estar en el pellejo del Presidente, hoy pienso que cuando este se acueste, una vez terminado el secuestro, en ese instante antes de dormir, en este momento que uno se encuentra consigo mismo y con su consciencia, habrá pensado en la decisión que se ha tomado, en las opciones que habían, en el resultado obtenido y con una sonrisa en la cara y unas cuantas canas más en su cabeza habrá conciliado pacificamente el sueño, ese sueño que consiguen aquellos que anteponen la vida humana ante cualquier otro hecho, factor o interes, por muy alto que este sea.