Como todos los veranos me he visto abocado a tener que ir un día a la playa, si, un día entero, no un ratito, sino desde primera hora del día hasta las nueve de la noche, que digo yo, ¿que teniamos que montarla y desmontarla?. ¿Somos nosotros los encargados de abrir el chiringuito? ¿Quizás de limpiar la arena?, yo pienso que con un rato es bastante para traerte toda la arena y el calor de un día de agosto, no es necesario recrearte, vas te bañas y vuelves a comer, no es necesario apunchonarte en el suelo para comer al sol ¿para que ha evolucionado la civilización, para que se han construido casas, mesas, sillas, aires acondicionados, para que?.
Todo comenzó como siempre, de forma traicionera, llegas un día de trabajar y te dicen, hostia, mañana nos vamos a la playa a pasar el día, de puta madre, yo me encargo del hielo, de las cocas, de las sombrillas, de las sillas, como el año pasado, ja, ja, ja, que bien nos lo pasamos, y yo me pregunto estupefacto ¿quien le ha dicho este año que se encargue de nada? ¿es que vamos de mudanza?, ¿tenemos que comer coca obligatoriamente cada vez que vamos a la playa, no es suficiente la arena y el calor para la sed que tenemos que comer coca en sardina?. Sin poder hacer nada, me veo cargado de trastos, con calor y a la playa. El muy bellaco, cuando me levanté ya se había ido a coger sitio, si como lo oyes, a coger sitio, no vaya a ser que se lo quitaran, y por el móvil llamaba diciendo ¿venis ya o que?, y yo miraba el reloj, las ocho y media de la mañana, me enjuague las lágrimas y me dispuse a salir con toda la troup a pasar un día de playa. Para que repetir lo dicho el año pasado cuando escribí sobre este tema, más de los mismo: calor, arena, sed, el niño del balón, el tio del radio cassette, y revolcandose por la arena estaba el montaraz, disfrutando como un bellaco del día que había organizado.
De este día no puedo salvar ni siquiera el café del chiringuito, que bueno, le llamo café por decir algo, estoy seguro que el camarero no había hecho antes ni un solo café, se estenó con nosotros, pues no se puede entender que sirviera esa bazofia, pero lo que debo incidir es en el hecho que reflexionando con un Ricard con limón en la mano me dí cuenta que ni siquiera en la playa el ser humano esta despojado de sus etiquetas sociales: había gente con sombrillas de Armani y otros con las de la cerveza Amstel; geste que vestía bañadores del mercadillo y otros de la marca Nike, con tableta de chocolate incluida y bien depilados. Había gente gorda, gente delgada, gente melenuda, calvos, bikinis, bañadores, triquinis y un tio vendiendo el cupón de los ciegos. La playa es un espejo de la sociedad, todos cabemos y todos somos distintos, irremplazables,....me doy un trago de Ricard, cae la tarde y pasa por delante una chavalota despampanante en top-less, y reafirma cuanto digo "No hay mal que por bien no venga".
Todo comenzó como siempre, de forma traicionera, llegas un día de trabajar y te dicen, hostia, mañana nos vamos a la playa a pasar el día, de puta madre, yo me encargo del hielo, de las cocas, de las sombrillas, de las sillas, como el año pasado, ja, ja, ja, que bien nos lo pasamos, y yo me pregunto estupefacto ¿quien le ha dicho este año que se encargue de nada? ¿es que vamos de mudanza?, ¿tenemos que comer coca obligatoriamente cada vez que vamos a la playa, no es suficiente la arena y el calor para la sed que tenemos que comer coca en sardina?. Sin poder hacer nada, me veo cargado de trastos, con calor y a la playa. El muy bellaco, cuando me levanté ya se había ido a coger sitio, si como lo oyes, a coger sitio, no vaya a ser que se lo quitaran, y por el móvil llamaba diciendo ¿venis ya o que?, y yo miraba el reloj, las ocho y media de la mañana, me enjuague las lágrimas y me dispuse a salir con toda la troup a pasar un día de playa. Para que repetir lo dicho el año pasado cuando escribí sobre este tema, más de los mismo: calor, arena, sed, el niño del balón, el tio del radio cassette, y revolcandose por la arena estaba el montaraz, disfrutando como un bellaco del día que había organizado.
De este día no puedo salvar ni siquiera el café del chiringuito, que bueno, le llamo café por decir algo, estoy seguro que el camarero no había hecho antes ni un solo café, se estenó con nosotros, pues no se puede entender que sirviera esa bazofia, pero lo que debo incidir es en el hecho que reflexionando con un Ricard con limón en la mano me dí cuenta que ni siquiera en la playa el ser humano esta despojado de sus etiquetas sociales: había gente con sombrillas de Armani y otros con las de la cerveza Amstel; geste que vestía bañadores del mercadillo y otros de la marca Nike, con tableta de chocolate incluida y bien depilados. Había gente gorda, gente delgada, gente melenuda, calvos, bikinis, bañadores, triquinis y un tio vendiendo el cupón de los ciegos. La playa es un espejo de la sociedad, todos cabemos y todos somos distintos, irremplazables,....me doy un trago de Ricard, cae la tarde y pasa por delante una chavalota despampanante en top-less, y reafirma cuanto digo "No hay mal que por bien no venga".
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