miércoles, 10 de junio de 2009

"Si no creyera en lo que creo"

Ayer noche, en silencio, como siempre fue, sin que nadie se diera cuenta se marchó Francisco, y se marchó para no volver, no se llevó nada en su maleta, como siempre dijo, solo su sonrisa. Ayer noche se fue de puntillas un hombre bueno, de esos que apenas abundan, de aquellos que nunca estuvieron sometidos a lo que diran, a lo que esta establecido, a lo de siempre, aquellos que no reconocieron nunca mérito en el dinero, en la posición social o en el escalafón, sino en la humildad, en la educación y en la cultura. Ayer noche, mientras las nubes habitaban el espacio celeste, Francisco decidió cambiar de aires y marcharse con ellas a otro lugar, pero quizás no pensó que aquí nos quedamos aquellos que hemos tenido el honor y el orgullo de haber compartido una porción de nuestro tiempo y de nuestra vida con él, que aquí se queda su taburete vacio en el Mónaco, su café y su biblioteca llena de poesias y de amor.
Hubo una vez, hace ya tanto tiempo que los domingos por la noche ante un micrófono compartí con él el privilegio de su compañía, y entre tantas cosas me enseñó que "solo me queda la palabra", y esa nadie me la puede quitar, igual que mis ideas, mis ideales, mis ilusiones, mi libertad y el derecho a equivocarme, y esas palabras hoy lo único que pueden reflejar es un homenaje sentido hacía Francisco, un buen hombre, de esos que sin quererlo, sin pretenderlo y sin falsas apariencias, te marcan y te enseñan el camino de lo normal y sensato. Esas son mis palabras, pero mis creencias, esas que a él no le terminaban de convencer, siguen siendo firmes, y es de merecer que le pida a ese Jesús que anduvo en la mar, que cuando haga recuento pregunte por Francisco, lo vera en la cola con las manos metidas en los bolsillos y solo con mirarle a los ojos verá que ha llegado al cielo un hombre bueno.

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