En la vida, siempre existen lugares o locales públicos que en cierta manera marcan el devenir diario de cada uno, sitios donde uno se siente agusto y en ellos va pasando y degustando los momentos que a la postre configuran el bienestar personal necesario para afrontar los retos que se van presentando. Estos bares se constituyen en cotidianos, en elementos del paisanaje urbano, en oasis buscado para leer el periódico y sin tener nada que decir, que te sirvan lo que quieres, pues uno es ya como del decorado del local.
Estos locales son importantes, al menos para mi, pero me he dado cuenta, que lo que realmente los hacen importantes son las personas que están tras la barra, los que cada día te esperan para servirte lo mismo de ayer y de anteayer; aquellos que si a la hora del café no apareces, te echan de menos; aquellos que siempre tienen una palabra amable y una sonrisa agradable. El lunes, mi cafeteria, ya que algo de ella me pertenece por el tiempo y el dinero en ella empleado, cierra sus puertas, y con ellas Mario y Ricardo dejan de estar tras la barra. Ha sido un cierre sin avisar, un adios y no un hasta pronto, un final de esos que desgraciadamente ponen el punto y final a la vida, sin informes, sin comunicados y sin el preaviso necesario. Estoy seguro que la cafeteria volverá abrir sus puertas, pero otros serán los que se coloquen tras la barra y nunca volverá a ser lo mismo.
Mario y Ricardo consiguieron crear un ambiente de camaraderia, con su acento chileno consiguieron que uno se sintiera importante pero a la vez uno más entre los clientes, consiguieron que fuera real en ochenta metros cuadrados eso de la Cultura de las Civilizaciones; consiguieron crear un ambiente de futbol de esos que ya no quedan, donde se comentan las jugadas, las estadisticas y por último los resultados; consiguieron que esa cafeteria fuera una parte más de mi Despacho, aunque no consiguieron nunca hacer buen café.
Mario y Ricardo se marchan a cumplir nuevas etapas en sus vidas y lo hacen igual que vinieron, sin estruendo, sin inauguraciones ni despedidas, pero lo que no saben es que para muchos como yo, con ellos se llevan el espíritu de la cafeteria, aquello que la convertía en diferente a las demás, en la preferida para disfrutar de los primeros rayos del sol y de las conversaciones con los amigos. Por eso, mi reconocimiento sincero a ellos y mis más sentidas gracias por el trato siempre inmaculado que me han dispensado, gracias a ellos, Chile es hoy para mi una parte más de España y por ello, el "Alcalde" les desea de todo corazón que les vaya bonito en la vida.
1 comentario:
evidentemente el café no era su especialidad, pero con su trato y cercania han hecho que ahora estemos añorandolos.....y aun será mas cuando comience la temporada de futbol y no me encuentre a Mario euforico porque su Real Madrid ha ganado por la minima al Real Union de Irun o a Ricardo hecho polvo porque su Atleti no ha pasado del empate en casa contra el Mollerusa. Buena gente, buen trato, mal café. Saliamos ganando siempre.
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