martes, 7 de octubre de 2008

"Yo quiero que vuelva el Capitán Garfio"

Existe un síndrome llamado de Piter Pan, y aquel que el que lo padece no quiere hacerse mayor, quiere seguir siempre siendo niño. Yo realmente creo que no padezco este síndrome, ya que de niño no me veo, aunque he de reconocer que mi niñez es un recuerdo de azahar y almendros. Yo lo que me siento es jodido por qué veo como pasa el tiempo, inexorable, con prisas y ya esta borrando y confundiendo recuerdos guardados hasta ahora como en una cajita de música. Nunca me gustó Piter Pan, no es bueno que un niño lleve mallas verdes, un gorrito con una pluma y un puñal, no, eso no es bueno, ni esta de moda, a mi él que más me gustó siempre fué el Capitán Garfio, coño, era capitán, no sargento ni soldado, sino un Oficial de alto rango, vestido con un traje rojo, de esos que uno no se pondría nunca para ir a los toros, con un sombrero de ala ancha, como los que llevaba el Capitán Ala Triste, pero sin roña y con más glamour, y un garfio en vez de mano, eso si mola, puedes colgar la chaqueta si lo necesitas. El Capitán Garfio era cojonudo, lo único que le sobraba era ese ridículo bigote afrancesado que a uno lo confunde.
Indudablemente el Capitán Garfio era mi preferido, con ese don de mando, con sus subalternos, unos piratas de los que bebían ron de caña a morro y sus cuitas las arreglaban a golpetazos, piratas que solo temían que el cielo se les cayera encima, piratas que no permitirian nunca que el mar bravio del tiempo te arrojara al ocaso del desaliento de las recuerdos perdidos.

Ahora ya no hay piratas como los de antes, ahora visten con traje de Armani y huelen a Loewe, hablan de gilipolleces y presumen de lo que no son. Los piratas de hoy se depilan el pecho y hacen pilates, conducen un mercedes y se colocan un percing en la punta del nabo por que es lo más de lo más, aunque duela un huevo. Hoy no ondea la bandera negra con la calavera, hoy solo ves banderas azules llenas de estrellas y dólares. Si el Capitán Garfio volviera, los pasaria por la quilla y se haría un collar con todos sus piercing y sus nabos.



Por eso, por la noche, cuando nadie me ve, salgo al balcón y miro al cielo esperando que algún día vuelva el barco del Capitán Garfio, lleno de piratas llenos de tatuajes, y al timón el Capitán, con su sombrero rojo, con unos buenos zapatos de cocodrilo y con su ladina sonrisa de pillo en la boca grite aquello de vengo dispuesto a hacerme un bonito collar y a ayudarte a proteger el precioso tesoro de tus recuerdos y de tu tiempo.










No hay comentarios: