
El otro día asistí como invitado a una Boda, para ello, a pesar de ser fin de semana, me puse un traje gris marengo, de esos que siempre están de moda y son apropiados para este tipo de eventos, una camisa blanca, una corbata con fondo amarillo y rayas, me limpié a fondo los zapatos negros, así como para que brillaran. Todo esto lo hice pues hoy por hoy, una boda es un evento social destacado, al menos así lo creía.
La ceremonia religiosa no se como fué, ya que no cabiamos en la Iglesia, todo el personal estaba en la puerta, y ya empecé a asombrarme. Habían señoras entradas en años y en carnes que vestían trajes de fiesta de colores muy vistosos, de tallas impensables y donde apenas cabían. Habían señores, con trajes azul marino y corbata, y luego habían otros invitados que indudablemente vestían como para irse de copas, pantalones blancos, camisas abiertas hasta el ombligo, dejando ver gordas cadenas de oro, todo ello con zapatos de punta y tacón cubano ¡adios mis pavos¡.
Hasta aquí, posiblemente todo normal, pero lo bueno vino en el banquete, situemonos: "llegan los novios con un coche de época que nos le pegaba ni con cola", los camareros esperándolos con las copas de cava para que brindaran. No se que pasaba que los novios no bajaban del coche y los invitados, esos de las cadenas de oro, alrededor del coche, diciendole al novio: flipas tio, que pasada..... A los camareros ya les temblaba el pulso de tanto esperar, al final, salen los novios, ah, una apunte, el traje que llevaba el novio era para enmarcar, de color malva con bordados en el chaleco, yo creo que ni Leonardo Dantes se coloca eso en sus galas, pero para gustos colores.
Comienza el ceremonial, los novios brindan, tiran las copas, se rompen, la peña comienza a entrar al restaurante como si no hubieran comido en un año, los novios saludan a todos los invitados, a pesar de los empujones, les dices enhorabuena, por decir algo, y sonries, entras al restaurante y te sientas en tu mesa. Cuando todo el mundo ya se encuentra ubicado, entran los novios, todos de pie los recibimos, yo no los conozco de nada, pero tambien me pongo de pie, por eso de la educación. Dos camareros bajitos, de puntillas y con dos espadas toledanas que pesaban más que ellos hacen un arco para que los novios pasen por bajo ¡es que me decojono¡. Los novios pasan y se sientan en la mesa de Presidencia, comienza el banquete
Los camareros llevaban corbata, bueno algo parecido, pues los nudos que llevaban era cualquier cosa menos nudos, y algunos de los camareros llevaban puesta la corbata de su hijo pequeño, esa que se le pone el día de Navidad, pues la corbata les llegaba por debajo del pecho.
Comienzan a servir la bebida, observo que todo el mundo esta sentado y comenzando a comer y pienso bueno ahora tranquilidad, cuando de pronto un grito desgarrado propio de una bestia parda dice ¡que se besen los novios¡ y todo el mundo al unisono aplaude y grita, los novios se besan hasta contar 1526, la misma bestia parda grita ¡queremos que la novia nos baile la pelusa¡, y allá va ella, ni corta ni perezosa a bailar: pelusa por delante y pelusa por detrás, ja, ja, ja, todo el mundo se rie, y yo me pregunto ¿de que coño se rien?, y ya empiezo a preocuparme. Inmediatamente grita otro ¡queremos que maruja nos baile la pelusa¡, y una señora mayor, con un tonelaje importante, dentro de un vestido seis tallas menor del que necesita, se sube a una silla y mueve su culo al ritmo de pelusa por delante y pelusa por detrás, los camareros siguen poniendo platos en la mesa, yo me atraganto, inmeditamente piden que otra maruja baile la puta pelusa, y alla va otra tipa igual que la otra pero con un tocado en la cabeza a mover su culo al ritmo de la pelusa, yo ya tengo ganas de llorar. De pronto todos los hombres, los señores con traje y los invitados descamisados se suben a las sillas y moviendo las servilletas como posesos comienzan a gritar : el novio es cojonudo, como el novio no hay ninguno, inmediatamente las señoras vestidas de muñecas de fiesta, se suben a las sillas y con las servilletas en la mano agitandolas como posesas, gritan: la novia es cojonuda, como la novia no hay ninguna, luego los hombre, luego las mujeres, poseidas por una fuerza maligna siguen gritando, agitando las servilletas, que uno piensa para que coño han ido a la peluqueria si con esos movimientos de cabeza se les ha caido el moño. Pues así se tiraron veinte minutos, mientras yo me limpiaba las lágrimas viendo semejante espectáculo.
Cuando terminaron de decir lo cojonudos que eran los novios, ya que una señora se mareo de tanto mover la cabeza, todos se sentaron, y volvieron a jalear que paco, manolo, o quien fuera, daba igual, bailara la pelusa, y así transcurrió la cena, entre calamares, pescaditos y la puta pelusa.
Yo pensaba que era imposible ver mayor espectáculo, pero me equivoque, cuando salió la tarta, al menos cincuenta de los invitados se levantaron corriendo, pegando empujones para colocarse delante de los novios y de la dichosa tarta y con sus cámaras digitales lanzar un millar de fotografias, parecian paparazzis ante la Duquesa de Alba. ¿Pero es que no han visto nunca una tarta?. Los novios cortan la tarta y los amigachos descamisados se meten al aseo, comienza a correr el rumor...¡joder que van a pasar la corbata¡ ¡no me lo puedo creer, comienzo a sudar¡, empezamos a preguntar quien lleva suelto, me tomo el café de un trago, aún hay gente que repite plato, yo me quiero ir, un descamisado saca la ropa del novio en una bandeja y se la da a la novia, esta entra con ella al aseo donde el novio esta en bolas, de nuevo los cincuenta paparazzi lanzan sus fotos, Sebas baila la pelusa, Vicente repite tarta e Inma se va a la mesa de al lado a preguntar si tienen cambio, empiezo a marearme...
Al rato sale la novia y el novio vestido por esta ¡ya no me acordaba que existia el machisto total¡, los de las cadenas de oro sonrien con el palillo entre los dientes, los novios se colocan en la mesa presidencial y empiezan a pasar por delante todos para brindar con ellos, mientras Maruja, la del tocado en la cabeza, de pie en una silla sigue bailando la pelusa.
Al final salimos del banquete, me despido del novio diciendole dajodjoad¡ad con una sonrisa en la boca, da igual lo que digas, el ni te escucha, y me marcho con un fuerte dolor de cabeza...En el coche, ya de vuelta, pienso si no me estoy volviendo un sibarita, si he perdido el sentido de la realidad, el de tocar la tierra, pues me voy estupefacto, por que no entiendo como personas que se han pasado la mañana en la peluqueria, se han metido dentro de un traje de fiesta, se han colocado las alhajas como si de una exposición se tratara, se suben a una silla y poseidas mueven la servilleta manchada de calamares, gritando como bestias lo cojonudos que son los novios ¿por que? ¿soy yo el raro?, ¿ya no existe el buen gusto, el saber estar? ¿que ambientador había en el restaurante para que la gente se comportara así?, con estos pensamientos llegue a casa, abri la puerta y me fui directo por el pasillo a la cama, mientras bailaba pelusa por delante pelusa por detrás.
Pd.- La fotografía del comienzo no corresponde a la boda a la que asistí, pero sirve para ilustrar el dichoso baile de la pelusa.