jueves, 7 de agosto de 2008

"Las colas, la dignidad y vuelva Vd.mañana".



Ultimamente, para mi desgracia, me veo obligado a tener que hacer cola: para comprar el pan, para recoger una carta, para comprar un cuarto de queso, para llevar el pantalón a la tintoreria, para solicitar un certificado,....., siempre cola, y he podido comprobar como algunos comportamientos y circunstancias se repiten una y otra vez.



En primer lugar, tengo que reconocer que no tengo suerte, siempre que voy a algun lugar a pedir algo, llego en el momento que más gente hay, ¡mira que es dificil coincidir¡, pues nada he coincidido con cincuenta personas más. Intento dilucidar quien es el último, y muy educadamente pregunto quien de todos los presentes es el último de la fila, un gracioso me dice, hasta ahora era yo, ahora es Vd. ¡es que me troncho de risa con el tio gracioso¡. Me pongo tras él, y comienzo la espera.

En esos momentos me vienen a la memoria colas de las que se te quedan en el recuerdo, como aquella de la carniceria, cuando tras estar más de tres cuartos de hora esperando mi turno mirando un jamón, en el mismo momento que ya voy a ser atendido, entra una anciana, encorvada, apoyada en un bastón, y con voz trémula me dice: ¿por favor me permite que me atiendan a mi, que solo quiero una cosita?, al verla así, digo ¡por supuesto señora¡. La anciana sonrie de lado, y empieza: ¡mira nena, me vas a poner: cuarto y mitad de pollo, una docena de huevos, que sean frescos, un cuarto de pavo, tres cuartos de kilo que chuletas de cordero, pero de esas tiernas, ahora me pones cuarta y mitad de chorizo, treinta y dos lonchas de jamón, pero del bueno, un cuarto de queso, seis morcillas de cebolla, ¿las haceis vosotros verdad?...¡¡joder con la abuela, pues no decía que solo queria una cosa¡. Tras media hora larga de espera, la abuela coge todas las bolsas, deja el bastón junto a la pared y erguida muy erguida, se marcha diciendo, ahora vuelvo por el bastón...Temblándote la mandibula solo aciertas a decir ¡Sinverguenza más que sinverguenza¡.


Otra de las colas históricas fué aquella que tuve que hacer en Renfe, esperando para sacar un billete de tren. Aquel día parecía que todos fueran a viajar en tren, la cola hacía remolino y tras esperar pacientemente más de dos horas, llega a la ventanilla la persona que me antecedía. Era una señora de aproximadamente unos sesenta años, con gafas de la época de María Castaña, y con un vestido de flores verdes, muy verdes. El de la ventanilla, le pregunta a la señora que desea, y esta le dice: "Mire que quiero coger un tren rumbo a Castellón, al sitio ese de Marina Dor, la Ciudad de Vacaciones, pues mi vecina Maruja que estuvo allí hace dos meses me ha estado contando maravillas, unas playas, unos restaurantes, unas vistas, y yo que he trabajado en mi vida mucho más que Maruja, sabe Vd., me merezco unas vacaciones como esas, pues una se lo merece y con el clima que allí hace pues el reuma seguro que se me alivia...". ¡Señora, a quien coño le importa su reuma, su vecina Maruja, y la Ciudad de Vacaciones, saque su billete ya¡ me oigo atónito decir en voz alta. La señora me mira con mala cara y le dice al de la ventanilla, ¡ya no hay educación, como antes¡. El de la Ventanilla le dice, señora, no sale ningún tren para Marina Dor, y ella subiendose las gafas le contesta, pues mire mejor, aquello tiene que estar lleno de gente en esta época del año, míreme si sale uno para Villalba, el clima de allí es mejor, mucho más seco, y tienen unas fiestas muy interesantes y divertidas, sueltan una vaquilla y todo, el otro día lo ví en el Gran Prix donde fueron a concursar, que divertido programa....¡Al Gran Prix la llevaba yo a Vd., allí con un toro de quinientos kilos, ya vería Vd. si se daba prisa¡, vuelvo a decirle ya con un principio de mareo. El de la ventanilla le dice, nada Señora, que no sale ninguno, pues nada hijo, muchas gracias y otro día volveré. La señora se marcha con su vestido de flores verdes, y allí me quedo yo, frente a la ventanilla, tras varias horas de cola y ya me toca. Cuando me voy a dirigir al de la ventanilla me vuelvo al oir a mi lado como un reloj marca: Pin, Pin, las dos de la tarde, vuelvo mi mirada a la ventanilla, y el tiparracho ya no está, soy queda una cortinilla echada y un cartel de cerrado....Soy quedo yo en la estación, la ventanilla, la cortinilla, y el reloj, el tipo de la ventanilla, que en realidad era el correcaminos ya no existe, y mientras me reprimo de reventar la ventanilla de un puñetazo, miro a un lado y a otro, me coloco bien la corbata, me pongo estirado y me marcho a paso lento, con dignidad, mucha dignidad y con una mala hostia que para que, pensando mañana volveré, como otra señora con un vestido de flores verdes vuelva a preguntar por un billete a Marina Dor, la cojo de los pelos, sin más, al de la ventanilla lo abofeteo por lo de hoy, para que vuelva a salir corriendo, eso si todo como mucha dignidad.


Por eso, cuando estoy en una cola, siempre pienso, ten dignidad, que no se note que eres de los que el tipo de la ventanilla espera coger a las dos de la tarde para dejarlo plantado diciendole mire, está cerrado y vuelva Vd. mañana.



1 comentario:

Anónimo dijo...

eso no son colas, colas las que hay para ver a mi hijo, que sale en el misterio. y los que mandan no les hacen caso, pero esto va a cambiar.¿como te explicas tu que hagan la prueba de angel y no venga el papa a darle a la manivela? esto es un desastre pero va a cambiar....¿colas? colas para ver el misteri, lo que yo te diga.
¡¡¡Viva la modista!!